La magia de navegar y viajar a bordo de un buque por el Río Paraná se esfumó por la falta de políticas de un gobierno que no muestra ningún interés en reactivar este importante sistema de transporte, tanto para cargas (218 veces más barato que el camión) como para pasajeros en viajes de placer entre Buenos Aires y Puerto Iguazú. Lo mismo ocurre con los ferrocarriles, y más cercano y notorio de los ejemplos: el Gran Capitán.
En el año 2002, el buque partió de Rosario hacia Puerto Iguazú, en una travesía única que llevó 12 días.
La Nación lo publicó así:
Una nueva opción turística se agrega al circuito misionero: la posibilidad de llegar a Cataratas en barco, con grandes comodidades, y de acceder a los paseos fluviales en el río Paraná, en idéntico recorrido al que se inauguró hace cien años.
El Ciudad de Paraná, el mayor buque de pasajeros que haya navegado el Alto Paraná, según historiadores consultados por LA NACION, llegó a Posadas sin dificultades, tras cruzar por la esclusa de navegación que funciona en la represa de Yacyretá.
La llegada de la nave iluminada en la fría noche misionera constituyó todo un acontecimiento popular. Familias enteras, padres con sus hijos pequeños, se acercaron al puerto para verla de cerca. Hace mucho que se había dejado de navegar río arriba.
En el pasado, los barcos que subían por el Alto Paraná eran de poco calado: debían superar las fuertes correderas del Apipé con el apoyo de un “espiador” anclado en la costa, que, por medio de un cable, los ayudaba a sortear los pasos en donde más de una vez se produjeron naufragios, con resultados trágicos. En épocas de bajante del río, a veces debían esperar varias semanas para seguir rumbo hacia el Norte.
A partir de la construcción de la esclusa de Yacyretá, que tiene un cuenco de 270 metros de largo por 24 de ancho y compuertas hidráulicas con sistemas de computación para su apertura y cierre, la navegación se vio ampliamente favorecida. En aproximadamente 70 minutos, con una operación de llenado y vaciado, puede superarse la diferencia del nivel entre la cota del embalse y la altura natural del río, que actualmente oscila entre los 18 y los 19 metros. Los controles están a cargo de personal especializado de Prefectura y el paso no tiene costo alguno.
EQUIPAMIENTO MODERNO
El buque, construido en los astilleros de Río Santiago y botado en 1962, mide 105 metros de eslora -el largo de una cancha de fútbol-, con una manga (ancho) de 18 metros. Cuenta con tres pisos, capacidad para transportar 450 pasajeros y se desliza a ocho nudos aguas arriba, el equivalente a una velocidad promedio de entre 15 y 16 kilómetros por hora. Es impulsado por tres motores Crosley de 1500 caballos de fuerza cada uno y además cuenta con tres grupos de generación eléctrica propios.
La cabina de mando está dotada con equipos modernos, como navegador satelital, ecosonda, sistema de comunicaciones y radares. Su capitán es Carlos Fernández y lleva como navegante al suboficial de Prefectura Naval Juan de la Cruz de Bogado.
Perteneciente a la compañía argentina Cruceros del Paraná, con sede en Rosario, el barco que seguirá su derrotero aguas arriba zarpó de aquélla el 20 del mes último. En el pasado cubrió los trayectos entre Asunción, Corrientes y Buenos Aires, cuando formaba parte de la Flota Fluvial del Estado; después fue afectado al servicio que unía Buenos Aires y Montevideo.
El secretario de Obras Públicas de Misiones, Santiago Ros, gestionó con la Prefectura Naval el “amarre de cortesía”, facilitando los muelles del puerto local para que la gente lo pueda ver de cerca.
Esta nave es gemela de la Ciudad de Formosa y ha sido totalmente refaccionada para el turismo. Dispone de 320 camas, varios comedores y amplia visión en ambas bandas. Permanecerá en Puerto Iguazú, donde realizará excursiones por los ríos Iguazú y Paraná, agregando una nueva alternativa de paseo para miles de visitantes que vienen a conocer nuestras cataratas.
El primer barco de pasajeros que llegó a Posadas fue el España, a mediados de 1902. Pertenecía a la empresa Núñez & Gibaja y estaba al mando del capitán Jordán Hummel, el mismo que también comandó el primer viaje turístico a Iguazú. Desde entonces, ha transcurrido exactamente un siglo.
Una travesía inolvidable
Después de insistir hasta el cansancio, Carlos Vecarezza, un periodista de Rosario, logró hacer en el año 2002 que el capitán del buque “Ciudad de Paraná”, en aquellos tiempos Carlos Fernández, lo dejara zarpar con la tripulación para filmar un documental del viaje, (puede verse en el sitio YOU TUBE).
El periodista comentó que, cuando el barco estaba a punto de zarpar, hizo el último intento para pedir que lo dejaran emprender el viaje, aunque la solicitud tampoco tuvo una respuesta positiva. “Cuando me subí a la camioneta, ya para irme, después de haberles explicado que se trataba de un documento único e impresionante que quería filmar, se me acercó el capitán y me preguntó nuevamente qué era lo que deseaba. Eso fue a las 6.30 y me dijo: a las 7 partimos. Entonces me fui como pude, agarré lo mínimo e indispensable para mi viaje y acá estoy”, relató.
La travesía
Vacarezza señaló que partieron desde el puerto de Rosario para realizar un viaje que, en principio, iba a durar seis días; pero que desde entonces llevan doce a bordo, por los inconvenientes que tuvieron que superar al tratarse de un buque que mide 105 metros de eslora y 18 de manga en un río difícil de navegar. “Es una experiencia histórica y la vista desde un buque de estas dimensiones es fantástica. La travesía se viene demorando por el tema del río, es que el barco es muy grande para el calado y los pasos angostos que hay. Pero seguimos adelante gracias a los prácticos que tuvimos que fueron dos desde Rosario a Corrientes y ahora otros dos desde Corrientes a Iguazú con un posadeño de la Prefectura naval que es Cacho Bogado”. Agregó que este hombre realiza una tarea “impecable e increíble”, debido a que hay lugares por los que tuvieron que pasar “con seis o siete centímetros limpios debajo del casco. Las fuerzas centrífugas de las hélices levantaban arena y es asombrosa la habilidad de esta gente para meter este barco en un lugar como éste. El trabajo se podría describir como meter un colectivo de dos pisos en una peatonal sin sacar los cables ni los quioscos, pero que en el río no se ven porque está todo bajo el agua. Por suerte no tocamos nada nunca, ni siquiera en zonas de piedra que también son muy difíciles de navegar”. Agregó que en total hay 24 personas a bordo y que simplemente se cargó lo justo para la navegación.
La travesía que vivió Vecarezza fue inolvidable, e implicó, entre otras cosas, un entramado y audaz cruce en la nave por la esclusa de la represa Yacyretá (dado que la misma no cuenta con tractores remolcadores como las exclusas de Panamá, por lo que se dificulta introducir la gran embarcación sin golpear las paredes de la misma). Carlos describió detalladamente el navío, denotando su gran atractivo y belleza.“El barco tiene unos salones que son preciosos, construidos en los años 60 con características de lujo. Hay un restaurante sobre la cubierta del tercer piso y en el medio tiene un bar. Adelante hay salones que funcionaban como sala de cine y ahora es el lugar donde se desayuna. Más abajo hay otro bar, mientras que en la planta baja hay una galería en la que antes se transportaban automóviles. Después hay un sistema de camarotes muy cómodos, amplios y con baños, y con más de 300 camas”, detallaba el periodista rosarino cuando tuvo oportunidad de viajar en el buque.Con quince metros de eslora y 18 de manga, el “Ciudad de Paraná” posee tres pisos, tiene capacidad para transportar 450 personas y se desplaza a una velocidad promedio de quince kilómetros por hora.
“El Gobierno tiene que entender que el río puede traer progreso y trabajo”
El 20/12/2008 Primera Edición publicó que el buque Ciudad de Paraná abandonó hace unos días las aguas del río homónimo. Después de más de dos años parado en Puerto Iguazú, lugar a donde llegó para ser una atracción turística, el último viaje de este verdadero monumento de otros tiempos lo depositará aguas abajo, cerca del puerto de Buenos Aires. Para muchos su traslado no representa algo significativo, para otros en cambio, es un símbolo de los tiempos que se viven.
“El día que pasó por Posadas les dije que tomaran todas las fotos que puedan, porque nunca más van a volver a ver un barco como ese en Misiones”.
Así de lapidario fue el testimonio de Ramón Gudiño, histórico dirigente gremial y hombre del río de toda la vida. “Nací, me crié y envejecí en mi ciudad que tanto quiero”, aseguró el secretario general del Centro de Patrones y Oficiales de Pesca y Cabotaje Marítimo junto al capitán y miembro de la comisión directiva central, Julio González Insfrán. Para estos hombres del agua, el buque no es una embarcación más. El Ciudad de Paraná, que formó parte de una flota de seis embarcaciones propiedades del Estado, representa un símbolo que va más allá de navegar las aguas. “Es el símbolo de lo que era el país, del potencial que tenía. De la Argentina del crecimiento, el desarrollo, la autonomía. Ese es el valor de ese barco y con él se esta yendo nuestro futuro, ese es el concepto”, sentenció González Insfrán. El buque de pasajeros Ciudad de Paraná arribó hace tres años para aportar un servicio importante al turismo internacional que llega hasta Puerto Iguazú. Gudiño lamentó que no se haya podido cumplir con ese objetivo y reveló que la embarcación estaba amarrada en la ciudad de las cataratas y que bajó porque “no tenía nada que hacer”. El buque se encuentra ahora al mando del capitán Jerónimo Rodríguez Dávalos y el baqueano Sergio Gauna, los dos integrantes del gremio. Decadencia y falta de políticas González Insfrán realizó una breve reseña de lo que definió como “la decadencia de la flota nacional”. El capitán aseguró que todo comenzó en 1955 y que se profundizó con la llegada del ex ministro de Economía de la dictadura, José Alfredo Martínez de Hoz durate los años 70. “Todo finalizó con la desregulación de la actividad impulsada por el ex presidente Carlos Menem. Vendieron todos los barcos, pero no solo los modernos”, puntualizó y agregó que Flota Fluvial fue la primera empresa latinoamericana capaz de transportar cualquier equipo de carga desde la Triple Frontera hasta Buenos Aires, con el sistema de empuje; con flota moderna, tripulación entrenada y un gran patrimonio. “Desapareció todo, se vendió y se privatizó, a través de los gobiernos militares y con políticas que desalentaron cualquier tipo de gestión en las aguas. Con Menem vendieron no solo los barcos, sino lo más valioso que tiene una flota: sus rutas”, enfatizó González Insfrán y volvió a aportar un dato tajante al afirmar que hoy la Argentina depende del flete extranjero, en un país donde el 80% de las cargas sale por mar o por río. En esta zona se trabaja con los barcos paraguayos, por ejemplo. Gudiño en tanto describió cuál es la situación y se mostró dolido porque muchas embarcaciones perdieron la bandera nacional. “Hoy tenemos muchos buques argentinos relegados a otra bandera, izamos en nuestros buques la bandera de la conveniencia: la paraguaya, boliviana, brasilera”, afirmó consternado el experimentado marino. La hidrovía Una herramienta fundamental para volver a utilizar las aguas del río como ruta es la hidrovía, proyecto que ya se encuentra en etapa de análisis en la Argentina, que negocia con sus pares de Brasil, Paraguay, Bolivia y Uruguay, la implementación del mismo. Esta previsto que la hidrovía comience en Puerto Cáceres, Brasil y finalice con la salida al mar, vía el río de La Plata. “Está la infraestructura necesaria. El gobierno tiene que entender que un proyecto como este le va traer progreso y trabajo a la gente. Detrás de un barco se mueven miles de personas, no sólo las que están a bordo”, analizó González Insfrán.
En 2009 el crucero fue llevado a Buenos Aires, astilleros Río Santiago para su reparación y en 2010 fue vendido y transformado en hotel, junto al crucero Ciudad de La Plata/Ciudad de Mar del Plata II, ahora Hotel San Carlos. Se lo llevo flotando, se le hizo un canal para embicarlo que luego se lo secó, por lo que esta en tierra inutilizado.
1981. Vendido a Ferrylíneas Argentinas S. A. (Argentina).
1991. Vendido a Línea Mágica S. A. (Juan G. Martínez y Eduardo Martínez). (Argentina).
1995. Embargado en Juan Lacaze, Uruguay.
Fuente: Infober